viernes, 14 de junio de 2013

Las notas (y III). La soledad de La Bestia




"La diferencia entre escribir bien y el arte verdadero, es sutil, pero brutal".
Truman Capote, Música para camaleones

Así es, tenemos a La Bestia Parda en su mejor momento y listo para encadenar milagros asombrosos jornada tras jornada, pero nuestra delantera ha perdido la contundencia que tuvo. Venimos de muy arriba y sabemos distinguir lo de este año del arte verdadero. Por juego y por rendimiento. La temporada ha constatado que Leo está demasiado solo, que han faltado especialistas en las bandas, y que es imprescindible que el segundo y tercer delantero se sitúen por encima de los 20 goles para aspirar a algo grande. Que Iniesta haya sido el mejor extremo del equipo habla muy mal de Zubi; que hayamos llegado a conformarnos con la decena de goles de Alexis o Pedro y la quincena de Villa es aún peor. Por todo ello, sorprende que haya quien se empeña en creer que a Messi le molestará la llegada de Neymar. Grave error, amigos. Leo quiere ganar. Y con lo que le acompaña arriba desde hace dos años no basta.

Pedro. 4. Mediocre. Otra campaña para el olvido. Acaba el año con los mismos goles con la Camacha que con el Barça, dato antológico. Los diez que ha logrado de azulgrana, sumados a sus 10 asistencias, vuelven a dejarle a años luz del futbolista que enloqueció en la 2009-2010 y 2010-2011. Superado aquel bienio, su realidad resulta decepcionante. A Pedro siempre le perdonaremos todo por lo que nos ha dado, pero sin voluntad de destrozar al rival es un futbolista prescindible, al que no vale la pena retener si hay ofertas decentes. 

Alexis. 4'5. Depresivo. Una crisis de confianza es el peor enemigo de un delantero, y la suya de este año ha sido morrocotuda. Afortunadamente, en algún momento sacó un momento de genio, de orgullo, y se definió como un "jugadorazo". Aquel día volvió el futbolista que rompe con furia, marca y asiste, y su final de campaña ha sido notable. Aunque aquí seamos incondicionales y queramos verle otro año más, no podemos indignarnos cuando oímos que el club mercadea con él. Sus 11 goles y 13 asistencias no son números para alguien a quien fichamos a precio de astro.

Messi. 10. Milagroso. Tiene mérito que después de tanto nos siga emocionando. Su aparición ante el PSG, levantando a un estadio acongojado, es inolvidable. Lo mismo puede decirse de su partido ante el Milan, con esta obra de arte, y de esa racha que nunca jamás le veremos a otro que no sea él de 19 partidos consecutivos anotando en Liga. Su rendimiento lleva tiempo fuera de la dimensión de la lógica y este año, pese a la lesión, se ha plantado en 60 goles. La soledad que ha sufrido en ataque se ha traducido no sólo en estrés y lesiones; también se refleja en las asistencias que ha dado: por primera vez desde que juega por el centro baja de los 20 pases de gol, con 15. 

Villa. 5. Anciano. Qué difícil hablar mal de un profesional del gol como él, que vino a ganar la Champions y lo logró. Deja atrás un puñado de acciones decisivas contra La Banda y la rosquita de Van der Saar, pero también el bochorno casi permanente de estos dos últimos años, cuando se ha visto superado en el sprint por centrales toscos, abuelas voluntariosas, cefalópodos desorientados y cojos de todo pelaje. A pesar de todo, ha tirado de orgullo para acabar sumando 16 golitos. Su espectacular buga con asientos de cuero blanco lleva semanas en venta, señal de que nuestro Hombre Moreno se va lejos de aquí. Pero ya siempre estará en el póster del equipo que masacró a La Banda por 5-0 e hizo lo propio con el United en una final de la Champions.  

Tello. 7. Fresco. Qué maravilla tener a alguien que encara y vuela, que lo hace fácil, que chuta con saña. A días nos recuerda al postrero Henry, aunque es cierto que sus ausencias nos hacen sospechar de su empeño en los entrenamientos. Acaba el año con más goles (8) que Xavi y más asistencias (7) que Thiago. El futuro del Barça también es suyo, porque siempre es bueno tener a un jugador que hace temblar a los laterales cuando oyen su nombre. 

miércoles, 12 de junio de 2013

Las notas (II). El ocaso del mejor.


Ya no somos lo que fuimos. La superioridad abrumadora en la cocina del juego se ha esfumado en las grandes noches, salvo por aquella locura colectiva contra el Milan. Se ha echado en falta hasta a Keita, tan importante en el vestuario como anodino sobre el césped, y con eso está todo dicho. Ha faltado la fuerza y la osadía que tienen los mejores. Sería placentero culpar de todo ello a la ortopédica solución de poner a Sex a hacer de Iniesta, pero para qué engañarse. Señores, la abuela nos ha dado un susto, se ha caído, y se ha abierto la cabeza. Señores, cuidemos mucho de la abuela, mimémosla, que todos oímos, nítido, su tic-tac.

Busquets. 7. Sufrido. Resulta imposible hablar mal de alguien que nos llena los ojos en cada partido con su astucia, su sabiduría, su orgullo. Sergio, inventor del taichí con balón, ha vivido un auténtico calvario este año. Hay quien apunta que ello se ha debido a la necesidad de retrasarse demasiado para arropar a nuestros fraudulentos centrales. Su implicación sigue en aumento y se le oyó levantar la voz tras la remontada ante el Milan; desde aquí rezamos para que entre ya en el club de los capitanes por delante de los Moc-Lannister. Ésta ha sido posiblemente su temporada más discreta desde su llegada, ojalá sea también la que más le ha enseñado.

Song. 5. Creciente. Durante medio año nos ha parecido un nuevo horror made in Arsène, pero seamos honestos e imaginemos lo que supone para un mazas de 1,83 llegar de la Premier e intentar encajar en ese engranaje de reloj hecho de triangulaciones y espacios. Su final de temporada ha sido muy digno, es un jugador fuerte, que recupera mucho, sabe tratar el balón y hasta se incorpora con criterio. Puede que merezca más oportunidades, puede que nosotros merezcamos saber quién dijo de él que podía ser central.

Xavi. 6. Crepuscular. Contra el Milan tuvo su gran noche con dos asistencias de astro. Pero su año ha sido una pesadilla, con las lesiones, sin esa mínima frescura que le permitía ser antes el futbolista azulgrana que recorría más kilómetros. Les daré un dato: si miramos la suma de goles y asistencias desde que en la Eurocopa de 2008 se consagró como el mejor centrocampista del planeta, comprobamos cómo ha pasado de 35 (2008-09) a 20, 22 y 29 (la pasada campaña). Este año, su cosecha ha caído hasta los 16. A ello se une una cierta sensación de pérdida de mando sobre el césped que nos ha hecho recordar, snif, que hasta las mejores cosas de la vida se acaban algún día. Esperemos que sea consciente de ello y se dosifique en las dos temporadas a alto nivel que le quedan. 

Thiago. 5. Enigmático. Todos recordamos que la venta de De la Peña nos sumió en la desesperación en un primer momento y que pasamos a aplaudirla mucho antes de verle jugar a los hermanos-de-sangre-te-quiero-tío con un tal Tamudo. También sabemos que ni Xavi ni Iniesta mostraban su nivel con 22 años. Difícil asunto. Aunque fuera cierto que es un jugador que se arrastra en los entrenamientos, en este agujero siempre amaremos a los futbolistas que pisan la pelota, driblan a los rivales y arrancan con la furia que sólo le habíamos visto a Romario. Ojalá tenga otro año. Ojalá quiera otro año. Ojalá siga dejando obras de arte como ésta

Iniesta. 9. Líder. Su romance con el balón viene de lejos, pero lo de este año ha sido distinto. Andrés Iniesta, segundo mejor jugador del mundo en 2010 y tercero en 2012, ha dado esta temporada algo más. Se le ven los galones, los 29 añitos. Un profesional ejemplar que cada vez tiene menos inconveniente en dejar ante los micrófonos mensajes al resto del equipo. Sobre el césped se le ha visto seguro y ambicioso; incluso en los peores días, las ha pedido todas. A cada partido que pasa, minimiza un poco más a Zidane; en cada partido se las apaña para pintarnos una perfecta cara de asombro. Y por cierto, logra su mejor marca con 23 goles más asistencias.

Sex. 6. Sobrado. A Sex le sobra media temporada, la que va de septiembre a diciembre. Empezó el año con ambición, hinchándose a golear y asistir contra equipos de poca monta, algunos de sus mejores partidos tuvieron lugar en Vallecas y Riazor. Sus ganas de venganza nos entregaron al media punta con ojos venenosos que ya disfrutamos durante los tres meses que se dignó jugar en la 2011-2012. Y puede que tocara techo en el Pizjuán, con dos golazos y forzando la expulsión de Medel. A día de hoy, hasta en esta Caverna admitimos que esta Liga, la primera de su carrera, le pertenece. Pero a Sex le sobra media temporada y le sobra autocomplacencia. Le sobran las risas en los entrenamientos y prepotencia ante el mundo -qué difícil es encontrar a alguien como él, de quien absolutamente todo el mundo puede decir algo malo; ése parece ser su caso-. A Sex le sobra lentitud y le sobra creerse mejor que Iniesta, a quien llegó a desplazar al extremo en detrimento del juego de todo el equipo. Le sobran también los números: por segundo año consecutivo, es el mejor de cara a puerta por detrás de La Bestia Parda, aunque el año pasado sumó 33 goles más asistencias y éste se ha quedado en 28. A Sex le sobran las grandes citas, en las que fracasa invariablemente, y le sobra su amigo moc-moc, que le desaconsejará dejar la ciudad y aceptar alguno de los ofertones que tiene de Inglaterra en un año previo a Mundial, en el que todos los grandes deberían querer jugar. En definitiva, Sex le sobra al Barça, y seguramente, Sex se sobra a sí mismo.

Las chicas de la curva. S/C. Mitológicas. Sí, pensábamos referirnos aquí al tal Jonathan dos Santos y al tal Sergi Roberto. Pero sus casos tienen todos los ingredientes clásicos de una leyenda urbana. ¿Ustedes les han visto? No, señores, les ha visto el vecino del primo de un amigo. Vamos, que nadie les ha visto, joder. Siguen ahí, en la curva más cerrada de nuestra imaginación.

sábado, 8 de junio de 2013

Las notas (I). Pasen y meen.



Sí, amigos. Son ya tres años en que en este foro señalamos a la defensa del Barça como legítima escisión de las Madres Carmelitas Descalzas. Ocurre, sin embargo, que este año han saltado por los aires todos los récords y nos hemos plantado en unos estratosféricos 70 goles encajados, cuando el pasado año cayeron 48. Eso ha ocurrido en un equipo que desde Chigrinsky no ficha un solo central. Contra todo pronóstico, La Bestia Parda no ha ajusticiado aún a ningún defensa en pleno partido. Pero no sufran; esta Caverna está siempre a punto para pasar el mocho por los rincones más infectos.

Valdés. 4. Prescindible. Medio año deprimidos ante la inminente salida del mejor portero de nuestra historia y medio año asistiendo, alucinados, a cómo Valdés se convertía en un fibromiálgico funcionario de correos. Ni paradas milagrosas, ni manos decisivas en los días grandes. Le echaremos de menos, mucho, pero no será por esta última temporada que se ha marcado el pupilo de don Ginés de Carvajal.

Pinto. 7. Serio. Sí, amigos. El de la coleta, las gafas de sol, la mierda esa del techno y el apodo made in Puerto de Santa María. Él, y no otro, ha sido de lo más presentable que hemos tenido este año en la pocilga de la zona defensiva. Ojalá renueve, aunque sólo sea por seguir asistiendo al espectáculo maravilloso de verle celebrar cada gol como si fuera una final de Champions; aunque sólo sea porque se ha convertido en el detector de tribuneros más preciso de toda Barcelona. 

Alves. 6. Orgulloso. El mejor lateral que hemos visto jamás empezó el año a lo Gabri: lamentable en ataque y atolondrado en defensa. Pero cuando ya nos habíamos acostumbrado a disculparle en su traumático pasado amatorio, a partir de enero regresó. No a su mejor nivel, pero sí al del veterano orgulloso con 22 títulos en su vitrina que quiere aún el 23º. Acaba el año con un buen porrón de errores defensivos (duplica su peor marca). Retengan otro dato dato: en la 2010-2011 acumuló 23 goles+asistencias, la pasada campaña la cifra se redujo a 18, este año se ha quedado en 11: ¡Han cantado decadencia, amigos! Pese a todo, ha sido de los mejores allá atrás. Su futuro sólo lo conoce él. Hay quien da por hecho que huele a jeque afrancesado; otros le ven de supernanny.

Montoya. 3. Ausente. A esta Caverna han llegado los rumores de que si los jóvenes no juegan es porque las vacas sagradas hacen las alineaciones. Pero dichas maledicencias no están confirmadas, y por lo que a nosotros respecta, el entrenador del equipo sigue siendo el más interesado en que jueguen los buenos. Montoya, lateral de raza, con unas condiciones excepcionales, no ha aparecido este año. Pueden ustedes pensar lo que quieran al respecto, pero sean cautos, no sea que les roben la cartera.

Piqué. 4. Rosellista. Repasen ustedes los tres enfrentamientos consecutivos contra La Banda en invierno. Observarán que Tywin Lannister fue culpable de cuatro de los seis goles encajados. No contento con ello, cerró el asunto atacando a Guardiola como si fuera un vulgar Freixa. Piqué, qué lástima, cumple a la perfección el viejo adagio de que a menudo a un futbolista hay que medirle por lo que hace (y sobre todo por lo que no hace) en los entrenamientos más que por lo que se le ve cuando hay cámaras delante. Para acabar de empeorarlo, ya es admitido y oficial que El Cumbias es el hombre de Rosell en la caseta. Su año ha sido indecente para alguien que, no hace tanto, era el mejor central que habíamos visto.

Puyol. 4. Desaparecido. Sería precioso que una sola vez en la vida Puyol contara la verdad en público. Que dijera qué entiende él por un capitán. Que explicara por qué se hizo el longuis ante el festival en que se convirtió el vestuario mientras Tito estaba en Nueva York. Que enumerara las razones por las que se hizo operar en el peor momento; que diera su opinión sobre el presidente y su directiva. Pero eso no va a ocurrir, ya no. Igual que no ocurrirá tener un central greñudo que intimida, corre más que alguno de los líniers y mantiene una cierta dignidad profesional.

Mascherano. 4. Estratosférico. Con algunos jugadores es de lamentar que tengan que aparecer por los entrenamientos y mantener contacto con los compañeros. Con otros, la tristeza viene por tener que verles de corto de vez en cuando. Mascherano cierra un año abominable en que  supera su propia plusmarca; ha sido el culpable directo de hasta 14 goles en contra. Ya saben ustedes que El Jefesito es un profesional digno de toda admiración y una pieza valiosa en el vestuario. Pero ha multiplicado por cinco el horror que en su día protagonizó el probe Chigrinsky.

Bartra. 4. Ma-lo. Sabe mal hablar así de un chaval de la casa, pero seamos claros: cas-ta-ña. Bartra no ha jugado apenas; a entender de este foro ha jugado demasiado. Cuentan que en agosto se enzarzó en un entreno con Messi. Si hubiera auténtica justicia en el mundo, sólo por eso podríamos haberle deportado. Por si no hubiera bastante, ocurre que el infatigable lobby nuñista de la ciudad le ha adoptado, y durante 10 putos meses ha sido imposible salir a la calle sin que decenas de ancianas moribundas le preguntes a uno "Què passa amb en Bartra?". La respuesta era siempre la misma. "Señora, pasa que es malo".

Adriano. 7. Digno. Sí, amigos, Adriano se lesiona mucho y por esa razón nos granjea chistes formidables sobre su persona. Pero dicen los números que ha sido de los menos malos en defensa y de los mejores en ataque. Es un tío serio, que se ha comido dignamente el marrón de hacer de central y que ha atacado con criterio por la derecha y por la izquierda. Merecidísima renovación la suya. Y sí, se rompe mucho; ojalá les pasara a otros.

Abidal. S/C. Ejecutado. El fútbol se inventó para transmitir sentimientos y por eso Abi es un superhéroe. Le perdemos, pero ha hecho un último servicio al barcelonismo desemascarando al clan del tóner. Veremos de qué es capaz el próximo año; él mismo ha lanzado hoy un aviso: "Estoy mejor que hace dos años".

Jordi Alba. 8. Acelerado. No les engañaré: la frialdad de los números asegura que su año, en defensa, ha sido pobre. Pero el fútbol es mucho más que eso. Su presencia en la banda izquierda se ha bastado para revigorizar a un equipo demasiado previsible y para dar adrenalina a un ataque oxidado. De lo mejor que nos ha ocurrido en los últimos tiempos. Si un día aprende a cerrar el segundo palo, estamos ante un futbolista que marcará una época.

Fontàs. 0. Insular. Es posible que sostengan ustedes que este año no ha jugado en el Barça, que ha estado calentando el banquillo del descendido Mallorca. Tal vez. Pero qué quieren que les diga: si la cosa va de letrinas, él no puede faltar. 

lunes, 3 de junio de 2013

La hora de Zubi



Los secretarios técnicos pasan a final de temporada un doble examen. Con los fichajes arriesgan su olfato y exponen su honradez. Más importante aún es el asunto de las bajas: ahí muestran su profesionalidad.

Convendrán en que es una enorme suerte afrontar el incierto trance de empezar de nuevo con una Liga bajo el brazo y sin urgencias históricas, pero con el nítido recuerdo del siete que nos metió el Bayern, mucho más reveladores que los célebres cien puntos. De entrada, Zubi tiene  la suerte de tener jugadores que están fuera de toda sospecha. Incluyo ahí a los actuales capitanes (a los que no dimiten) junto con Busquets, Alba y La Bestia Parda. Y nosotros tenemos la suerte de tener reciente el Abidalazo para exigir mano dura. Además, el dispendio en Neymar tal vez provoque un furor recaudatorio. 

También tenemos la suerte de tener jugadores con enorme cartel pero ya en declive por los que nos podrían dar un buen dinero, como Alves o Villa. Es maravilloso que Piqué y Sex se tengan el uno al otro, para que con el traspaso de sólo uno de los dos el segundo aprenderá la lección. Y a este respecto, es muy oportuno que haya un Mundial a la vuelta de la esquina para que aquellos que no pasan vergüenza en el banquillo tengan un aliciente para cambiar de aires. 

Y también hay ahí un montón de jóvenes sobradamente preparados que no han explotado por razones dudosas. Entre ellos también se podría aplicar el bisturí. Zubi tendrá además la fortuna de poder presentarse en Els Encants con una humilde sábana negra donde exponer gangas como Bojan, Afellay o Fontàs.

A pesar de la necesidad de acertar fichando, la clave será la de siempre: hay que podar la gigantesca oda al fútbol de los últimos años sin excederse, para que siga pareciéndose a sí misma; pero podarla lo suficiente como para que la savia vuelva a correr como si nada se hubiera ganado. Si tienen la guadaña a mano, aquí va nuestra propuesta:

Dimisionario: Valdés.

Intransferibles: Puyol, Xavi, Iniesta, Messi, Busquets, Alba y Tello.

Transferibles si hay una buena oferta: Piqué, Alves, Thiago, Alexis, Cuenca, Mascherano, Song, Montoya, Bartra, Pinto, Pedro. 

Transferibles innegociables: Villa, Dos Santos, Afellay, Oier, Fontàs, Bojan.

Transferibles nivel Sex: Sex. 

Pero no nos engañemos. Los acontecimientos de los últimos días nos hacen abandonar todo optimismo. De hecho, hemos comenzado diciendo que Zubi expondrá en las próximas semanas su olfato y su sapiencia, pero en realidad hay algo aún más importante en juego. Ante todo, esperamos y deseamos que sea Zubi, coaligado con Tito, ambos gente de fútbol, quien tome las decisiones. Así se hacía antes de la eclosión del Tóner Club Barcelona. Así se hacía en la sepultada era en que ganábamos Champions.

viernes, 31 de mayo de 2013

Crucify your mind




Soon you know I'll leave you
And I'll never look behind 
'Cos I was born for the purpose
That crucifies your mind

Crucify your mind. Rodríguez


Abidal es un mito al que admiraríamos si hubiera sido un alero fajador de los Warriors. Abidal es un mito al que querríamos si fuera un remero sin rostro de la barca de Oxford. A Abidal le querríamos aunque jugara en la selección de Pakistán a ese horror llamado cricket.

Le querríamos porque superó un cáncer y un transplante de hígado. 

Ocurre que Abidal era del Barça. Y miren, hemos tenido muchos cabestros en la defensa, y muchos fueras de serie en el centro del campo, y muchos cracks mundiales en la delantera, pero nunca tuvimos a uno como él.  Hacía piña, reía, recordaba que estuvo cerca de ser pintor de brocha gorda. Cerraba como nadie la defensa, la sacaba hasta con la cabeza, tiroteaba el Averno, se reía. Y sí, puede que no haya quedado claro: jugó durante meses esperando el hígado que pudiera salvarle la vida. 

Abidal será para siempre una pieza clave del mejor Barça de la historia porque era en el campo el defensa más rápido y en el vestuario el más sonriente. Abidal, que podría haber sido un alero defensivo de los Warriors, fondo de armario en la selección de Pakistán o el menos forzudo de la puta barquita de Oxford, jugó en el Barça. Dicen que hasta alzó una Champions.

Todo eso ocurría en un Barça que lucía Unicef en el pecho y donde mandaba el fútbol; en un Barça que a veces caía en el bledismo de los valors pero que nos era reconocible.

Abidal es hoy víctima, como nosotros, de un club distinto. De un club que mandó a Unicef a lamer culo, que consigue indignar a sus capitanes, que planta a Qatar Airways en la zamarra, que se dejaba asesorar por Fusté, Rexach y Migueli, pretendidos todos por la NASA. Un club que nos habla de tóners. 

Abidal se recuperó heroicamente de su transplante pensando en volver, en pisar el césped, en cerrar espacios para defender al portero y sacar limpio el balón. Abidal no supo -ninguno supimos- que el club había cambiado. La junta le devoró también a él. A ningún directivo debía interesarle el fútbol: discutían sobre los invitados al palco y se codeaban con las elites. Ninguno se paró a pensar en por qué somos del Barça. Ninguno entiende que en un remoto rincón del alma guardamos un cierto orgullo de estos colores, ninguno comprende que en algún lugar de la retina este juego de niños nos hace felices. Es una directiva con otro propósito, otra razón de ser, y que vuelen esos canapés.

Asuman que nuestro equipo ha cambiado; ya nada puede darse por hecho, nada en absoluto. Tampoco lo más sagrado, lo inconcebible. Cuando les digan que "es que no somos una ONG", asientan con la cabeza. Desde luego no lo somos. Somos, sencillamente, el club que echó a un mito llamado Eric Abidal.

Shame on us.

lunes, 27 de mayo de 2013

El ejemplo Calderé



Calvo, melenas y bigote. Ramon Maria Calderé fue un centrocampista peleón del Barça entre 1984 y 1988. Fue el autor, en 1987, del último gol anotado por la Selección Española absoluta en el Camp Nou. En el Mundial de Maradona, el de México 86, dio positivo por un jarabe para la tos. Como entrenador ha sido célebre por sus trifulcas con los árbitros ahí donde ha pasado. No es raro: fue víctima del famoso atraco de Japón Sevilla al Sant Andreu en 1992, cuando fue expulsado por simular este penalti. El fútbol era fútbol.

Pero no hablamos hoy de Calderé para homenajear el look Ángeles del Infierno. Lo hacemos porque a pesar de sus cuatro títulos como jugador, ha quedado para la posteridad como arquetipo de jugador que tarda en subir al primer equipo. Debutó por fin en el Camp Nou con 25 añitos, a pesar de que se había estrenado en Primera con el Valladolid con 21. Tras ese debut, se pasó tres años en el Barça Athletic. Fue Venables quien finalmente apostó por él.

Rescatamos hoy a Calderé, a ese volante de cuando el fútbol era fútbol, porque hay montada una escandalera importante y continuada a raíz de las suplencias de Bartra este año. En este foro desconocemos si realmente en el vestuario son las vacas sagradas quienes hacen las alineaciones. Ignoramos los méritos de cada cual en los entrenamientos. Algunos lo insinúan. Pero no les puedo asegurar que eso esté ocurriendo.

Lo que sí puedo explicarles es una conversación que Txiki Begiristain mantuvo en un círculo reducido al abandonar el club. Hablando de las promesas del Barça B, se le oyó decir lo siguiente: "Ahora parece que todos valgan. Y no". Así de crudo y así de cierto. Es verdad que se han sucedido Xavi e Iniesta y Messi y Busquets y Pedro y esto ya parece fácil. Pero no lo es. Llegar a la elite es rarísimo, destacar en la elite es un milagro. Pero nos hemos convencido de que Thiago es más o menos como Maradona, Sergi Roberto igualito a Lampard, Montoya mejora a Cafú, Bartra deja pequeño a Beckenbauer, Deulofeu es mejor que Cristiano y Samper supera a Guardiola. Para más inri, la gozosa culerada dedica sus fines de semana a la contemplación de las orgías de goles que emite Barça TV de alevines, prealevines y otras perversiones. Y a lo mejor nos hemos confundido.

A todos nos gusta que se apueste por la cantera, soñar con el Redentor que llega, pero seamos realistas: subir al primer equipo era difícil en 1984, imagínense ahora. Puede que como afición necesitemos volver a la normalidad. Tal vez no haga falta que nos dejemos bigote, pero estaría bien que dejáramos que el fútbol volviera a ser fútbol.

martes, 21 de mayo de 2013

Tú eres un tonto



Uno tenía el día ocurrente y pensaba escribir sobre los delirios de Florentino Pérez, comparar sus mentiras con la aglomeración de ángeles de Victoria's Secret que durante la tarde de ayer se sucedieron por mi lecho conyugal. O mejor atacar un perfil serio del más megalómano de los concejales de urbanismo de este país.  Luego todo me supo a ceniza.

Ocurre que Florentino volvió a mentir con una tranquilidad plena. De nuevo. A veces uno piensa que con el tiempo se acostumbrará a que le tomen el pelo. Pero si se reflexiona sobre esa costumbre del Tito Flo, de su club, de sus omnipresentes altavoces, al final por alguna parte revienta la indignación.

Es cierto que éste es un país hecho de opio y odio. Pero aun así sorprende que este señor, con ese discurso a medio camino entre R2D2 y un cura de pueblo, insulte a la inteligencia de la gente con tanta tranquilidad. "El madridismo está más unido que nunca". "Este club ha dado un salto cualitativo importante en lo deportivo". "El balance, desde el punto de vista deportivo, es positivo”.

El asunto es digno de estudio y deja algunas preguntas importantes: ¿Lo cree de verdad? ¿La autocrítica le perjudica de cara a la cita con las urnas? ¿Está enajenado? ¿Le han poseído Ochaíta, o Toñín el Torero?

Tal vez no sea nada de eso.

La semana pasada corrió este vídeo, tomado instantes después de que Spanoulis frustrara en Londres a la sección de baloncesto de La Banda. Repásenlo con atención, es tremendo. Florentino, increpado, mira al superhéroe y le hace el inequívoco gesto con que los césares pedían la cabeza de alguien. Pulgar abajo, escalofrío en la nuca. Y se dirige a él: "Tú eres un tonto". Sorprende su frialdad. Sorprende ese artículo indeterminado. "Un tonto". Tres sílabas poderosas que evocan al niño Florentino en el patio de colegio con su bata gris y sus gafas mientras padece toda suerte de bullyings. "Un tonto", por el amor de Dios.

Tal vez sencillamente sea eso. Florentino Pérez, ex director general de la Asociación Española de la Carretera durante el tardofranquismo, se ha convencido desde su trono de ladrillos de que somos idiotas. Él ascendió desde la nada hasta el poder mientras el resto braceábamos en el fango. Ya conocen su venganza: puede mentirnos cuanto quiera. Porque Florentino no cree que seamos tontos. Lo sabe.

domingo, 19 de mayo de 2013

A favor de Neymart



No hace tanto don Alfredo Di Stéfano conservaba una mala baba que hacía imposible que un vástago suyo le contradijera siquiera en el sabor del yogur. Cuando su cosmos conservaba ese equilibrio, concedía entrevistas en que le preguntaban por los mejores. Y el hombre respondía: "Los mejores son Messi y Cristiano, por la velocidad". Para Di Stéfano, el fútbol es eso: correr más que el central, llegar antes, dejar al defensa con esa impotencia de chutar la nada y oler el viento.

Si llevan ustedes la máxima de Di Stéfano al pasado reciente barcelonista, verán que puede aplicarse a un variopinto desfile de delanteros fallidos que bien podrían fundar circo propio. En él estarían Ezquerro y Maxi López, Ibrahimovic y el postrero Villa, Hleb y hasta Sex. A todos se les aplica la misma norma: si vas a jugar en el área rival y eres lento, más vale que tu equipo no sea el Barça. De hecho, toda una generación de barcelonistas recuerda aún, con horror, cómo Stoichkov pasó de golpe, cuando llegó a los 31 años, de crack formidable a volante que sólo servía para hacer cambios de juego.

Por esas razones, en este agujero vemos con buenos ojos que Neymar aterrice este verano en el Camp Nou. Cierto es que el aparatoso rito amatorio protagonizado entre el entorno del jugador y el rosellismo resulta un insulto a la inteligencia. También es cierto que los jugadores que devienen iconos dan repelús. Y que Youtube genera sospechas. Pero señores, Neymar no es Robinho; Neymar es un campeón de Copa Libertadores. Neymar es una habilidad para el regate por la que Eto'o o Henry habrían matado. Ante todo, Neymar es vértigo, Neymar es un sprint corto y largo que le permite encarar a uno, a dos, a tres. Neymar es un tío con ganas de demostrarle a Europa que su fútbol también merece el Balón de Oro.

Podría objetarse que el baile de figuras que buscan hoy pareja es tremendo. Cristiano, Falcao, Rooney, Luis Suarez, Lewandowski, Tévez... Todos delanteros brutales en busca de un nuevo paraíso. Pero recordemos que esto no es el PC Fútbol; aquí la clave está en el encaje con Messi. Ése, y no el más goleador, es el que necesita el Barça para volver a la cima. Y de todos esos fenómenos, ninguno desequilibra como él. Ninguno parece tan preparado para jugar lejos del eje  en un entramado táctico como el del Barça. Y ninguno corre tanto con el balón pegado al pie.

En fin, si no les convence nada de lo anterior, piensen en una cuestión más trivial: imaginen la ilusión íntima que sentirán cada vez que un abuelo se refiera al prodigio de la cresta como "Neymart".